Es desde hace un par de años, al menos, que tengo un trozo de papel rondando en mi cajón. En él hay unas notas acerca de algo que pensé: el hecho de que aprender otro idioma está directamente relacionado con el desarrollo personal. Hoy en día, bien podría pedirle a la IA que me desarrollara esta idea, y seguramente obtendría una larga lista mucho más precisa de lo que aquí pudiera escribir yo hoy.

Pero no lo sentiría mi escrito.

Y cuál sería el sentido entonces…

¿Qué podría transmitiros?

¿Somos capaces de percibir, quizá a un nivel muy sutil y complejo, lo que es fruto de la creación humana? ¿fruto de la voluntad de comunicación que radica más allá de las palabras escritas en la pantalla?

¿No tiene más calado en quien lee, aquello con un componente humano, espontáneo, rebelde, imperfecto, que la mera redacción de datos?

Tal vez no. Pero, sea como sea, yo ya me estoy cansando de lo artificial: de ver imágenes creadas con IA, carteles hechos con IA, textos escritos o copiados prácticamente con IA…

Tardé mucho en empezar a usarla y hasta ahora he procurado no hacerlo mucho, pero a la par de mi decisión de dejar de lado el smartphone con sus interminables distracciones y contaminaciones (del medio ambiente, de la vida de las personas que extraen recursos para su manufacturación, y de nuestro cerebro), me he decantado también por desamigarme de esta herramienta.

Aunque tarde más. Aunque el resultado sea «peor». Aunque se me pueda escapar alguna falta de ortografía.

No importa, porque el proceso es más satisfactorio y más amable con la vida. Y el resultado más auténtico.

Así que, me dispongo ahora a dar forma a estas ideas que un día apunté en un papelito, de por qué el aprender un segundo idioma es una forma de crecimiento personal.

En primer lugar, cuando aprendemos un idioma, ponemos el foco en lo inmaterial, no en lo material. Es una forma de ocio que rompe con el sistema de consumo capitalista (entendiéndose como «capitalista» aquel que pone el beneficio económico en el centro) basado en el expolio de recursos naturales y la producción de residuos.

Cuando estudiamos o aprendemos, si bien con frecuencia consumimos contenido audiovisual, con su correspondiente impacto en el mundo, el propósito principal no es la adquisición de objetos que muy probablemente acaben en la basura, si no de algo intangible que siempre llevaremos dentro.

Desde el ecofeminismo y el decrecimiento, movimientos sociales y corrientes de pensamiento en los que me inserto, se propone desplazar el acento desde los bienes materiales hacia los bienes relacionales, como son: los cuidados, los conocimientos, la participación, nuevos espacios de libertad y espiritualidad, etc. Si os interesa este tema, profundizo más en él en mi proyecto de investigación de fin de master El ecofeminismo ante la crisis sistémica.

En segundo lugar, cuando tomamos la decisión de aprender un segundo idioma, cuando hacemos tiempo en nuestra vida cotidiana para dedicarle a su estudio y cuando lo ponemos en práctica al hablar o escribir en él, estamos dando un gran paso fuera de nuestra zona de confort. Hacer esto a menudo nos hace sentir vergüenza, miedo, inseguridad o pereza. Pero constantemente superamos todos estos obstáculos en pro de seguir aprendiendo y poniendo en práctica lo aprendido. Sinceramente, aunque en una misma a veces no es tan fácil de apreciar y valorar, a diario me maravillo por la perseverancia de mis estudiantes, por su curiosidad y su inquietud, por su valentía.

En tercer lugar, esta actividad, en tanto que bien relacional, nos sirve para acercarnos a otras personas. Esta habilidad nos permite comunicarnos con gente de otros lugares y conocer sus culturas y cosmovisiones, y de esta forma podemos sentir más empatía. Sin ir más lejos, el otro día en el parque conocí a una mujer marroquí que, tras cinco años viviendo en España, había adquirido tal nivel de español que hasta usaba palabras y expresiones coloquiales. Además de hablar de nuestras vidas, proveché para hacerle un montón de preguntas sobre su país (por qué creía que emigraban las personas, que pensaba sobre el uso del burka en la religión musulmana, etc.). Me resultó una conversación sumamente interesante, enriquecedora y tras una hora de charla me despedí conmocionada por nuestro acercamiento. Tan distintas y tan iguales a la vez.

Por último, y vinculado a lo anterior, el hecho de haber yo hecho el esfuerzo en los últimos 13 años de aprender inglés, hace que valore dicho esfuerzo en otras personas. Creo que esto genera una red de admiración y comprensión mutua que nos hace crecer interiormente y como sociedad.

Me despido contándoos que la imagen de arriba es una foto que saqué en mi última ruta hace dos semanas, en la que caminé unos 30 kilómetros en dos días. Casualmente, su emblema era también una bellota, como en Wild Language. Esta imagen, tomada de lo que para mí fue un logro personal (viajar sola), representa un paso más en el camino. Sea cuál sea el camino que hagamos, real o simbólico, en nuestro aprendizaje de un idioma y/o en nuestro desarrollo interior, cada paso cuenta.

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Meet the author: Natalia González Jancewicz

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